El futuro viene

Hoy he visto un reportaje sobre el futuro que está en camino. Iñaki Gabilondo hablaba con emprendedores de Silicon Valley sobre si lo que están desarrollando lo veremos nosotros, nuestros hijos o nuestros nietos.

La verdad es que da que pensar.

El mundo está cambiando a una velocidad exponencial. La Ley de Moore dice que el número de transistores en un microprocesador, por ejemplo en ordenadores y dispositivos móviles, se duplica cada dos años. Esto significa que un ordenador tendrá mañana el doble de capacidad y costará la mitad.

Las aplicaciones de esta evolución son increíbles en muchos aspectos.

Por ejemplo, ¿te imaginas que no necesites llevar tu móvil contigo nunca más? No será difícil de imaginar, ya que hace veinte años no lo hacíamos. En el futuro no lo llevaremos, dicen, porque la tecnología e Internet estarán completamente integrados en el ambiente. Desde nuestro dormitorio hasta la tostadora. O si no, mira el desarrollo en el Internet de las Cosas (IoT). En el mundo industrial será un gran avance para muchos procesos, automatizaciones, inteligencia… La cuarta revolución industrial o Industria 4.0.

Sin embargo, a nivel personal, aunque probablemente nos facilite mucho la vida, ¿lo sabremos utilizar para bien? Sería genial despertarse como en la naturaleza siguiendo nuestros ritmos circadianos, que mejoran nuestro bienestar, con un despertador inteligente conectado con la iluminación. Y que el frigorífico haga la compra cuando detecta que falta algún producto que consumimos habitualmente. Y que la ropa que nos ponemos sepa si algo no está bien en nuestro cuerpo para concertarnos una cita con el médico.

El debate creo que está en el uso que se hará de esta información, nuestros datos más personales. La ética. Hoy ya lo estamos viendo con el desarrollo de las medidas de protección de datos. Las marcas usan nuestros datos, especialmente en aplicaciones gratuitas. Porque sí pagamos su servicio: con nuestra información. Y por eso nos persiguen los anuncios de las zapatillas que consultamos aquella vez.

Esto me recuerda al capítulo «Toda tu historia» de la serie Black Mirror. Representa un futuro en el que las personas tienen un implante de memoria que graba todo lo que captan a través de sus sentidos. Más datos y más personales. Problemático para los protagonistas y la forma en qué se relacionan. Para volverse loco, vaya.

Creo que me estoy desviando al lado oscuro del progreso, así que vuelvo al reportaje de Iñaki Gabilondo, con la frase con la que empezó:

«Lo importante es no dejar nunca de hacerse preguntas. No perder jamás la bendita curiosidad»

Albert Einstein

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