Mamá, quiero leer

En estos días de invierno y borrascas me acuerdo de la época en la que cada mes recibíamos en casa un libro diferente listo para devorar. Eran los días del Círculo de Lectores, un club de ávidos amantes de la lectura con un enorme catálogo para elegir desde novelas policíacas hasta libros de cuentos infantiles.

Mi madre era socia y gracias a ella pasé mi adolescencia enredada en libros que aún conservo en mi antigua habitación. Libros plagados de descubrimientos, con historias que te transportaban a un lugar distinto y con los que pasar el tiempo imaginando vivir experiencias al lado de sus protagonistas.

Colecciones enteras o libros sueltos, bien encuadernados, a estrenar…

Aquellos libros, y los que conseguía en la biblioteca pública de Zamora eran momentos de tranquilidad vestidos con letras impresas en hojas finas y amarillentas.

Sí, era una ratona de biblioteca. Lo confieso.

Hoy sigo conectada a los libros, aunque con menos tiempo que entonces. Es relajante y motivador a partes iguales.

Lo que ha cambiado son los intereses; poco queda ya de los libros de adolescente. Solo hay que leer los libros recomendados que me atrevo a nombrar en este blog.

Menudo cambio

Libros de Marketing y comunicación, libros de empresa, de productividad, para emprendedores… ¡hasta de neurociencia!

Aunque confieso que cada vez me interesan más las biografías. Hay mucha gente interesante ahí fuera que merece la pena conocer. Lo que hicieron y sus motivaciones.

Me gusta tener los libros cerca, en papel, que se vean en la estantería. Soy de las férreas defensoras de que un libro en papel no es comparable a cualquier ebook o dispositivo móvil.

El olor y el tacto del papel, el leve sonido al pasar las hojas… no es comparable.

Lo mejor de leer es que requiere buscar y reservar esos momentos de tranquilidad. Luz cálida, silencio o música suave, sofá… Y tener la mente abierta para adentrarse en sus páginas.

Aunque a veces, con estos intereses «raros» que tengo últimamente, también necesito tener a mano libreta y boli.

Pero antes de tener los libros en las manos, me gusta buscarlos. Casi como un pequeño ritual.

Entrar en las librerías y leer sus portadas, ojear el contenido, compararlo con el de al lado, averiguar si existe alguna joya escondida digna de atención… y después decidir cuál me traigo a la estantería.

La mala noticia es que tanto las librerías como el tiempo libre de estos días se hace bastante escaso (o será que las prioridades cambian). A pesar de todo, siempre que tengo oportunidad entro en alguna, y rebusco.

¿No sería estupendo recuperar aquel tiempo en el que llegaba a mis manos un libro cada mes para devorar?

Mientras pienso en ello, creo que voy a aprovechar este ratito de silencio para seguir leyendo alguno de los libros de mi montón….

Foto: New York Public Library (diciembre 2019).

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